Este sueño inició cuando 3 de mis compañeros de trabajo y yo bajábamos del campamento hacia el pueblo en una camioneta doble cabina con rines de magnesio y cauchos anchos de tacos, Tomas el chofer; un hombre alto de pelo cortado a lo “desordenado” y lentes clásicos de montura de metal pero con sus sostenedores de color blanco, manejaba hacia el pueblo contándonos sobre lo que había visto pasarle a esta mujer. Arnaldo quien iba en el puesto del copiloto, se reía de como Tomas relataba lo sucedido pero con una risa incrédula que parecía discrepar de lo que oía. A ratos parecía que Pedro sabia mas de la situación de lo que podía saber Tomas pero nadie decía nada, esperando a llegar para saber bien lo que pasaba. En el asiento de atrás de Arnaldo se encontraba Frederick, un joven con mas tamaño que cerebro que… parecía sumamente sumergido en la conversación pero sin decir nada, a grandes rasgos parecía que estaba viviendo una novela a través del relato de Tomás, cosa que me hizo pensar que de verdad tenia mas tamaño que cerebro….

Transcurría el viaje y me di cuenta que mi punto de vista estaba un poco mas alto de lo normal, era como estar viendo mi alrededor como si fuese a través de una cámara pegada en el techo interno de la camioneta ubicada atrás del asiento del chofer.

Era una vista genial porque podía ver absolutamente todo como si se tratara de una película en la que participaba como actor también.

Llegamos a la carretera y giramos a la derecha pero, inmediatamente Tomás pasó al hombrillo de la carretera y continuamos el camino por ahí hasta tropezarnos con el inicio de un puente. Allí Tomás estacionó la camioneta con el frente hacia la carretera apuntando hacia una casa que estaba del otro lado de la carretera. Al verla me dije que una casa así sin vecinos cercanos y con esa fachada, era la casa de alguien que le gustaba la soledad y la naturaleza. Tenia muchos arboles alrededor y la entrada estaba llena de “porrones” con pequeñas rosas sembradas. Era un frente enrejado con una media pared donde se afianzaban las rejas. Un portón de entrada bastante angosto desde mi punto de vista, nos permitió ver que adentro estaba pasando algo. Todos pusimos un poco mas de atención para escuchar que era lo que pasaba. Cuando dejaron de pasar los carros y logramos escuchar mejor, descubrimos que el ruido se trataba de una fuerte discusión entre lili y su marido. Cuando quisimos poner mas atención observamos como un hombre sin camisa y en jeans, con mucho pelo en el cuerpo como si se tratase de un oso, sostenía por los cabellos a una mujer que media aproximadamente 1.7 mts de alto, pero que en sus manos parecía una hoja de papel sacudida de un lado a otro. Su pelo largo y rubio hablaba de lo esbelta que era la mujer pero su impotencia era evidente luego de observar que no podía sino rendirse ante la potencia de los golpes de aquel hombre. Inmediatamente y sin pensarlo mucho, Tomás y todos nosotros nos bajamos de la camioneta y nos enfilamos hacia la casa. Nuevamente pasaba por la carretera una fila de camiones de gran tamaño que se hacia interminable para mi pero, cuando me di cuenta, ya Tomás estaba del otro lado de la carretera, dándole un puntapié al pequeño portón y entrando como bala a tratar de quitarle de encima a lili aquel hombre que parecía una fiera. El hombre se percató de que otro le estaba haciendo fuerza y cuando volteó vio 4 hombres que decían con sus ojos y actitud que venían a enfrentarlo y hacerle entrar en razón de una manera poco “católica”. Inmediatamente se levanto y corrió hacia la parte trasera de la casa. Nosotros nos quedamos ayudando a lili a levantarse y con la mirada nos dijimos que teniamos que salir de ahi. Tomás y Arnaldo tomaron por los brazos a lili quien parecia desmayada mientras que Frederick abria paso entre los muebles para llegar a la entrada. Yo que vi que no regresaba el hombre de la parte de atras de la casa, quise adentrarme en el pasillo a buscarlo. De repente el pasillo se hizo oscuro sin ningun rastro de luz y di unos pasos atras. Me parecia muy raro que habiendo un fuerte reflejo de luz desde la entrada de la casa no se reflejara hacia el pasillo. Decidí sentarme en uno de los muebles que quedó pegado a la pared y con el posamanos hacia el pasillo y esperar a que saliera aquel “hombre mono” para enfrentarlo. En un descuido, observo que se asomaba una sombra que con el movimiento traía tras de si la figura de la trompa de un elefante de color celeste. El elefante mostró casi toda su figura pero en un abrir y cerrar de ojos salió aquel hombre blandiendo lo que parecía un cuchillo de mesa doblado en la punta con el que venia en forma sigilosa amenazando a todo lo que tenia al frente. Se fue acercando al mueble donde yo estaba sentado y seguía blandiendo aquel cuchillo. Pero mirándolo fijamente hice que girara hacia mi y lo increpé.

-Estas seguro que tienes todas las de ganar con esto que estas haciendo? – le pregunté sin titubear – Si no estas seguro, deja esa arma que tienes en las manos y sientate… necesitas acomodar tus pensamientos… – le dije – y aquel hombre se sentó llorando como si se tratase de un niño de pecho, con unos gritos que parecía que no lo alimentaban desde hace una semana, tapándose la cara con una mano que parecía una brocha de pelos largos.

Me sentí con una pena ajena en ese momento. El aire se lleno de un extraño aroma dulce y suave que hizo que todo en el ambiente cambiara. El sitio donde estábamos era un cuarto que se llenó de luz, pintado de azul celeste con muebles color champaña y cuadros grandes de casas con caminos largos y muchos arboles al rededor de aspecto otoñal. El pasillo se iluminó y trajo consigo la figura del resto de la casa que se hizo mas grande de lo que me imaginé al principio.